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Historia

A 80 metros bajo la sierra de Les Corbières, donde los mejores vinos de Rocbère se afinan en botas de roble, una visita guiada le lleva a un viaje bajo tierra a través del tiempo. Desde la Edad Antigua hasta nuestros días la viña ha dado forma a la riqueza, la historia y el paisaje de esta civilización. Bajo las bóvedas de esta catedral de yeso climatizada de forma natural, entre las orillas del Mediterráneo y el País Cátaro, los viñadores han aportado la pasión y la maestría para colmar su sed de emoción, de cultura y de vinos de calidad. Compartirán con usted su pasión en un recorrido iniciático donde la magia subterránea permanece intacta.

carte postale
En 1992, la antigua mina de yeso de Portel-des-Corbières, condenada a la desafectación, cerró sus puertas. Fue el inicio del proyecto Terra Vinéa. Los viñadores de Rocbère la compraron y decidieron convertirla en una bodega. Una apuesta algo loca, que actualmente da sus frutos. Hasta el punto de que, hoy en día, el destino es uno de los más apreciados de Languedoc-Rosellón, con más de 50.000 visitantes anuales. "Es increíble", comentan ciertos turistas que han venido a visitar la bodega. Un verdadero viaje de una hora y media al centro de la tierra.
Un dilatado viaje a lo largo de los 800 metros de galerías espera a los expedicionarios a los cuales advierte con un "no saldrá indemne de aquí" la voz que repentinamente se manifiesta en este lugar. Y al segundo siguiente, la magia entra en acción.
En las profundidades de la bodega, los propietarios han recreado una villa de la antigua Roma donde tienen gran importancia la historia del vino y la gastronomía de la Edad Antigua. Después, la máquina del tiempo hace una parada en la Edad Media con una recreación a tamaño natural de la forma de beber el vino y de comer de la época. A continuación viene la segunda parte de la visita: la escala tradición. Arados, escaldadoras, sulfatadoras... varios talleres presentan las diferentes herramientas necesarias en la viticultura.
Antes de regresar a la superficie, el recorrido de los visitantes se acaba pasando por el corazón de una mina de los años cincuenta. Los propietarios rinden así homenaje a los mineros, reconstruyendo una mina de la época. Finalmente, para cerrar esta aventura, la visita continúa con una degustación de ocho vinos diferentes. Blanco, rosado, negro y moscatel.